Similitudes que se encuentran entre distintas Tradiciones Espirituales del Mundo.
· Eli Scheier
El taoísmo (China), la Cábala (misticismo judío) y la espiritualidad náhuatl/tolteca (Mesoamérica) comparten el mismo simbolismo de dualidad y unidad (Yin-Yang, Ometéotl y las Dos Columnas del Árbol de la Vida cabalístico).
Exploremos los profundos paralelismos, las expresiones únicas y cómo todas apuntan a la misma arquitectura cósmica.
El Principio Universal: la Dualidad como Motor de la Creación
Antes de adentrarnos en cada tradición, debemos comprender la idea central que todas comparten:
El Uno se convierte en el Dos, para que el Dos pueda crear el Muchos.
En el principio existe lo No Manifestado, la Fuente, el Infinito. Para crear un universo, esta Fuente “se divide” en dos fuerzas complementarias y opuestas. Su interacción, su danza, su tensión y su unión generan toda la existencia.
Esto no es una dualidad de bien contra mal (un malentendido occidental común), sino una dualidad de polos complementarios que se necesitan mutuamente para existir, así como una batería necesita un terminal positivo y uno negativo para producir electricidad.
Análisis más profundo: los paralelismos
- La Fuente No Manifestada: el Tao, Ein Sof y Teotl
Taoísmo: El Tao que puede ser nombrado no es el Tao eterno. Es lo informe, el vacío, la madre de todas las cosas. Está más allá de la dualidad.
Cábala: Ein Sof es el “Sin-Fin”, la esencia divina infinita e incognoscible que precede a toda manifestación. Es tan trascendente que solo puede describirse por lo que no es.
Náhuatl: Teotl es la energía o principio sagrado básico y omnipresente del cosmos. Es autogenerado y autosostenido.
Ometéotl es el nombre que se le da a Teotl en su aspecto dual como fuente de todos los pares.
El paralelismo: las tres postulan una realidad más allá de la comprensión humana que es la fuente de todo.
La Primera Dualidad: Yin-Yang, las Dos Columnas y Ometecuhtli-Omecihuatl
Yin-Yang: el Yin (lo oscuro, lo receptivo, lo femenino, la luna, la tierra) y el Yang (lo luminoso, lo activo, lo masculino, el sol, el cielo) no están separados. Fluyen el uno hacia el otro, contienen la semilla del otro (los puntos en el símbolo) y no pueden existir por separado. Su interacción crea las “Diez Mil Cosas” (toda la realidad).
Columnas cabalísticas: el Árbol de la Vida se representa a menudo con tres pilares.
Pilar Derecho (Jachin): Pilar de la Misericordia. Asociado con la energía masculina, expansiva y amorosa de Dios.
Pilar Izquierdo (Boaz): Pilar del Rigor. Asociado con la energía femenina, restrictiva, judicativa y estructurante de Dios.
La creación ocurre en la tensión entre la Misericordia (dar sin límite) y el Rigor (restringir para crear forma). Si Dios solo diera misericordia, el universo se disolvería de nuevo en el infinito. Si Dios solo diera rigor, no habría espacio para el crecimiento ni el amor.
Ometéotl: el nombre mismo significa “Dios Dual”. No son dos dioses separados, sino un principio divino con una naturaleza dual.
Ometecuhtli (“Dos-Señor”) representa el principio masculino, activo y generativo.
Omecihuatl (“Dos-Señora”) representa el principio femenino, receptivo y gestativo. Su constante interacción, su cocreación divina, es lo que da a luz y sostiene el universo. Este es el coito cósmico del que brota toda la vida.
El paralelismo: cada tradición describe la creación como el juego dinámico, sexual (en el sentido energético) y necesario entre un principio masculino-activo y un principio femenino-receptivo que se originan de la misma fuente.
La Fuerza Equilibradora Central: el Tao, el Pilar del Medio y Quetzalcóatl / Nepantla
Este es quizás el paralelismo más hermoso. Si solo tienes los dos polos, obtienes caos u oposición. La “magia” sucede en el centro, el lugar del equilibrio.
Taoísmo: la meta no es ser puramente Yang o puramente Yin, sino vivir en armonía con el Tao mismo, que es el equilibrio natural y sin esfuerzo de ambos. El sabio surca las corrientes del Yin y el Yang como un surfista cabalga las olas.
Cábala: entre el Pilar de la Misericordia y el Pilar del Rigor se yergue el Pilar del Medio. Este es el pilar del equilibrio, de la conciencia, del ser. Las sefirot (esferas) de este pilar (Kéter, Tiféret, Yesod, Maljut) representan el camino del ser humano despierto que armoniza en su interior la misericordia y el rigor. Tiféret (Belleza) es el punto central, el equilibrio entre ambos.
Náhuatl/tolteca:
Quetzalcóatl (la Serpiente Emplumada) es el símbolo supremo de esta unión. La serpiente es la tierra, el cuerpo, el mundo material (Yin/Materia/Rigor). Las plumas son el cielo, el espíritu, el mundo etéreo (Yang/Espíritu/Misericordia). La Serpiente Emplumada es la unión de ambos. Es la conciencia despierta que puede volar (espíritu) mientras permanece arraigada a la tierra (materia).
Nepantla es una palabra náhuatl que significa “el lugar del medio” o “lo intermedio”. Se refiere al espacio de transición y equilibrio, el lugar donde los opuestos se encuentran y coexisten. Para el tolteca, la meta era vivir en Nepantla, el centro equilibrado.
El paralelismo: las tres tradiciones ven el camino del desarrollo espiritual no como elegir un lado sobre el otro, sino como encontrar el centro sagrado donde los opuestos se reconcilian y se sostienen en perfecta tensión. Este centro es el lugar de la iluminación, de la belleza, del verdadero poder.
Síntesis: un Mapa Universal de la Conciencia
Si superpusiéramos estos tres mapas, obtendríamos un plano universal de la realidad y del alma humana:
Existe una Fuente (Tao, Ein Sof, Ometéotl) que está más allá de toda forma y dualidad. Es el Motor Inmóvil, el Gran Misterio.
Esta Fuente emana dos fuerzas fundamentales para crear un universo:
Una fuerza de expansión, luz, actividad, misericordia y entrega. (Yang, Jachin, Ometecuhtli)
Una fuerza de contracción, oscuridad, receptividad, rigor y forma. (Yin, Boaz, Omecihuatl)
El cosmos y todo lo que contiene es el resultado de la danza entre estas dos fuerzas. Cada átomo, cada emoción, cada pensamiento es una mezcla única de estas dos energías primordiales.
El camino espiritual humano consiste en hacerse consciente de esta danza. No estamos destinados a ser puramente una u otra. El ser iluminado, el sabio, el místico, es aquel que encuentra el punto central:
Aquel que fluye con el Tao.
Aquel que se yergue sobre el Pilar del Medio, equilibrando la Misericordia y el Rigor dentro de su propia alma.
Aquel que se convierte en Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, uniendo cielo y tierra, espíritu y materia, dentro de su propio cuerpo y conciencia. Aquel que vive en Nepantla, lo sagrado intermedio.